Si estás metido en el mundo de las drogas, probablemente has escuchado de esta mierda que ha estado circulando las calles por un tiempo. Se llama Tinta. Si ese nombre no te dice nada, quizá has estado viviendo un estilo de vida decente. ¿Mi caso? Estoy tan lejos de lo «decente» como es posible estarlo.

Trafico marihuana para ganarme la vida, o al menos lo hacía previo a que ese maldito veneno se comenzara a esparcir. Y antes de que te pongas todo mojigato y comiences a hacer acusaciones, solo hazte esta pregunta simple: ¿cuándo fue la última vez que alguien murió de una sobredosis de marihuana?

Sí, eso pensé. Ahora siéntate de una puta vez y déjame terminar mi historia.

Cocaína, metanfetamina, heroína, me mantengo alejado de esa mierda y me adhiero a lo básico. De vez en cuando es posible que venda algo de Adderall o éxtasis, pero me gusta referirme a esos como mis especiales de luna nueva.

La Tinta hace que los tres grandes parezcan celebridades invitadas a Plaza Sésamo. No está en el mismo estadio. Coño, esa mierda ni siquiera está en el mismo huso horario. No, mis amigos, la Tinta es un animal completamente diferente, y me acojona.

En primera instancia, no soy exactamente lo que se imaginarían cuando piensan en un traficante de drogas. Me mantengo reservado, dentro de mi propia burbuja territorial. No ando con pretensiones en la ciudad, la mayoría de mis clientes son estudiantes universitarios y amas de casa suburbanas. Para todos los efectos, estoy estacionado en el quinto pino.

Estaba a gusto con ese arreglo. Les vendía a tantas personas que el dinero nunca fue un problema. Luego, un día dejé de recibir llamadas, y dejé de recibir mensajes. Comencé a escuchar historias acerca de esta nueva mierda que todos estaban usando.

«La Tinta no te jode el cuerpo, la Tinta te jode el alma».

Al menos eso fue lo que mi amigo Knox me dijo. Pensé que era más del psicobalbuceo existencial que regurgitaba expertamente siempre que flipaba… Pero resultó ser que lo estaba minimizando.

La droga viene en un tubo plástico pequeño. Es un líquido que se parece a una cucharada de aceite para motor, de ahí el nombre.

Knox me informó que solo había dos maneras para consumir una dosis de Tinta. Puedes inyectártela directamente en una vena, o puedes irte por la vía de la Visina, con una gota en cada ojo… Escogí la segunda opción, dado que no me había metido con agujas desde que fui vacunado en mi niñez.

Momentos después de que la segunda gota tocara mi ojo, vi cómo el mundo a mi alrededor cayó en el olvido. Si aún no has consumido Tinta, considérate en el percentil superior de los hijos de puta suertudos que habitan este planeta, pero es casi imposible explicar lo que se siente estar drogado con Tinta… No es un subidón… Es bajo. Es más que bajo… Te lleva a un abismo… Te convierte en parte del abismo. No ves nada, no escuchas nada, no sientes nada. Estás al tanto de tu propia existencia, pero no estás pensando, si es que tiene sentido.

Drogarte con Tinta es como una muerte consciente. ¿Esa es una mejor explicación? Si te estás preguntando cómo una persona se puede volver adicto a algo como eso, podría responderte con una sola palabra: silencio.

Silencio total, eso es lo que ofrece una dosis de Tinta. Puedes creer que tienes una idea de lo que es el silencio, el silencio verdadero, pero estás equivocado… No sabes ni mierda. Cada día, somos bombardeados con un ciclo interminable de ruido.

Incluso si vas tan lejos como para encerrarte dentro de un tanque de privación sensorial, aún escucharías tu propia respiración, tus latidos… tus pensamientos. La Tinta te despoja de todo eso. Estás flotando en el medio de la nada absoluta. Después de la primera dosis, se te empieza a antojar el silencio, empiezas a anhelarlo. Dentro de un par de días, regresar a ese vacío se convierte en tu única prioridad…

Pasadas las tres semanas, la estaba consumiendo cada día de por medio, a veces con otras personas, la mayoría del tiempo a solas. Luego recibí una llamada telefónica que lo cambió todo.

«Sé de dónde proviene esta mierda».

Era Knox. A través de nuestros contactos mutuos, había dado con una dirección. Mientras que docenas de traficantes vendían Tinta independientemente, Knox había encontrado al proveedor y quería robarle todo. No se lo discutí, no teníamos ni idea de dónde provenía o cómo era fabricada. El conocimiento súbito de que había un arsenal de la cosa preservado en un solo lugar sacó mi criminal interior a la superficie.

La casa estaba justo en la ciudad. Se veía completamente abandonada. Knox había traído dos pistolas y dos pasamontañas. Yo nunca había disparado un arma en mi vida. Knox me aseguró que el plan no era dispararle a nadie, que las armas solo eran para propósitos intimidatorios.

No tuvimos que tirar la puerta, ya estaba entreabierta. El lugar no estaba protegido y fuimos bienvenidos por una sola persona… Era un sujeto que estaba sentado en una silla viendo YouTube en su teléfono. Knox le tuvo que gritar para que por fin alzara la mirada. El tipo era un desastre: delgado, pálido, con círculos negros alrededor de sus ojos. No estaba enojado ni atemorizado… simplemente nos sonrió. Una puta sonrisa inexpresiva.

—¡¿En dónde está la maldita mercancía?! —gritó Knox mientras manteníamos nuestras armas apuntadas en dirección del hombre.

Nos condujo a una habitación gris y sucia. La pintura se estaba pelando y las paredes estaban cubiertas de moho. El escenario solo empeoraba a medida que nos adentrábamos más. Había dinero esparcido por todo el piso. En las esquinas, había una mesa larga y plegable en donde cientos de los contenedores diminutos habían sido empacados meticulosamente.

No teníamos idea de lo que estaba sucediendo, nada de ello se sentía correcto.

—¿De dónde proviene? —exclamó Knox de nuevo—. ¿Cómo demonios la fabricas?

El hombre apuntó a un extremo de la habitación, en donde yacía una bañera solitaria y reubicada. Dentro de la bañera había una mujer desnuda. Era de complexión frágil y pálida, y casi estaba sumergida por completo en el mismo líquido negro al que me había acostumbrado íntimamente. Había tubos blancos y pequeños a lo largo de su pecho que fueron insertados quirúrgicamente…

La Tinta era drenada por cada una de las aberturas, para luego ser absorbida por el contenido arremolinado de la bañera. El hombre se puso de cuclillas a un lado de la bañera y deslizó sus dedos por el cabello empapado de la mujer.

Nos dijo que era su hermana. Meses atrás, había tenido un accidente y fue declarada legalmente muerta por cinco minutos. Los doctores finalmente fueron capaces de revivirla, pero regresó… mal. Nos dijo que había ido a un lugar tan oscuro que lo trajo de vuelta consigo… en su sangre, como una infección.

—No deberían estar aquí —susurró el hombre justo cuando los ojos de su hermana se abrieron.

Su mirada se fijó en Knox… Me le quedé viendo mientras él apuntaba lentamente el arma a su sien. La mirada de terror en su rostro indicaba que su mano estaba actuando por su propia cuenta. Knox gritó, se opuso… jaló el gatillo.

Se voló los sesos frente a mí. Nunca le devolví la mirada a la mujer ni a su hermano, aterrorizado de que lo mismo me fuera a pasar si entablaba contacto visual. Salí corriendo de esa casa lo más rápido que pude y me puse en contacto con la policía. Investigaron la casa, solo para descubrir que todo lo que había descrito se había ido…

El hombre, el dinero, su hermana… no había nada. Lo único que encontraron fue a Knox y su tejido cerebral adyacente. Lo descartaron como un suicidio… Y ahora estoy aquí, medio año después, contándote mi historia. La Tinta aún está haciendo sus rondas por las calles, lo sé porque la sigo consumiendo.

Si esto te extraña, no es más que un caso de «ironía situacional»; concepto que me parece jodidamente hilarante.

Definición: «Tipo de ironía en donde las acciones de la situación provocan un resultado opuesto al que se espera».

Como el caso de una persona que se está inyectando el mismo líquido despreciable que fue directamente responsable de la muerte de su mejor amigo. Porque, si no lo consume, es atormentado por la visión ensangrentada de su mejor amigo.

¿Ya te estás riendo?


  • No podría hacerme adicta a esa cosa, odio el silencio 😢

  • Jóvenes díganle no a las drogas que vengan de una bañera

  • Bueno van dos y me quedan menos de dos horas de sueño, maldición

  • Creo que la hermana alimento al cerdo… De ahí la tinta

  • Me pregunto como fue que empezo a comercializarse y lo demas, ya quenadie compra algo nuevo sin saber que hace.

  • Nada más adictivo que el color de tus ojos 😍
    Oh, lo olvidava no tienes ojos… Ni nariz… Cof cof 🙇 ni boca 😶
    Pero igual eres adictivo pequeño creepy

  • A mi me pasa eso cuando leo creepypastas… Me desconecto del mundo y sólo puedo concentrarme en ella y poner a correr mi imaginación… Me encantó… Muy buena crema como siempre…

  • Me encanta hasta ahora visito la página así que tendré que ponerme al día con todas las historias

  • Me encanta, hasta ahora visito la página así que me pondré al día con todas las historias