¡Me han deslumbrado con la cantidad de respuestas a mis historias! Hay un gran interés por las escaleras, y afortunadamente para ustedes, mi amigo tiene una historia al respecto que les llamará mucho la atención. Y sobre si he pensado en confrontar a mis superiores acerca de esto, sí, se me ha ocurrido, pero odiaría poner en riesgo mi trabajo. Sin embargo, uno de mis antiguos jefes ya no trabaja como oficial de búsqueda y rescate, y quizá esté dispuesto a discutir las escaleras. Hablaré con él al final de la semana y les contaré lo que salga de eso.

Bien, pasemos a las historias:

Una de las situaciones más aterradoras que he vivido personalmente involucró la búsqueda de una mujer joven que se había separado de su grupo de escalada. Nos quedamos en la intemperie hasta tarde porque los perros habían captado su aroma. Cuando la encontramos, estaba aovillada debajo de un enorme tronco podrido. Le faltaban sus zapatos y mochila, y estaba claramente conmocionada. No tenía ninguna herida e hicimos que regresara con nosotros a la base de operaciones. En el trayecto, no dejaba de ver hacia atrás y de preguntarnos por qué «el hombre grande de ojos negros» nos estaba siguiendo. Nosotros no podíamos ver a nadie y simplemente lo descartamos como algún síntoma extraño de su conmoción. Pero mientras más nos acercábamos a la base, más agitada se ponía la mujer. Me insistía con que le pidiera al hombre que dejara de «hacerle muecas». Llegado un punto, se detuvo, se dio la vuelta y comenzó a gritarle al bosque, diciendo que la dejara en paz. Que no iba ir con él. Al final, logramos que siguiera caminando, pero empezamos a escuchar unos ruidos tenues que provenían de todas partes. Era casi como una tos, pero más rítmica y profunda. Y casi insectoide, pero no sabría describirla de otra forma. Cuando nos encontrábamos en el perímetro de la base, la mujer se giró hacia mí y sus ojos estaban tan abiertos como creo que es posible abrirlos. Me tocó el hombro y susurró: «Me pidió que te dijera que camines más rápido. Que no le gusta la cicatriz en tu cuello». Tengo una cicatriz muy pequeña en la base de mi cuello, pero está escondida debajo de mi camisa, y no tengo idea de cómo esa mujer pudo haberla visto. Hice que volviéramos a la base en un apuro, tratando de no mostrar lo alterado que me sentía, pero me debí de haber visto muy aliviado cuando por fin salimos de la intemperie esa noche.

En cuanto a los casos de personas desaparecidas, diría que constituyen la mitad de las llamadas que recibo. Las otras son llamadas de rescate: personas que caen por precipicios y se golpean, personas que se lastiman con fuego —no se imaginan con qué frecuencia pasa esto, mayormente entre adolescentes ebrios—, personas que son mordidas o picadas por animales, etcétera. Somos un gran equipo y tenemos veteranos que son excelentes para encontrar rastros de personas desaparecidas. Por eso los casos en donde nunca encontramos ningún rastro son tan frustrantes. Los niños desaparecidos son los más desgarradores. No importa bajo qué circunstancias se pierdan, nunca es fácil, y siempre, siempre tememos a los que encontramos cuando ya han fallecido. No es común, pero sucede. David Paulides habla bastante de niños que los equipos de búsqueda y rescate encuentran en lugares donde no deberían estar, o donde no es posible que estuvieran. Puedo decir que con sucesos de esta índole, he escuchado más de los que he presenciado yo mismo, pero compartiré uno que reflexiono bastante y del que fui testigo.

Una madre y sus tres hijos habían salido de picnic en un área del parque que tenía un lago pequeño. Uno de los varones tenía siete años, el otro cinco y el otro tres. Ella los estaba cuidando desde cerca y, según dijo, nunca los perdió de vista en ningún momento. Ni nunca vio a nadie más en el área, lo cual es importante. La madre estaba empacando sus cosas y comenzaron a regresar al área del estacionamiento. Ahora bien, este lago solo se adentra unos tres kilómetros en el bosque y está en un tramo delimitado claramente. Es casi imposible perderse desde el área del estacionamiento hasta ahí a menos que deliberadamente estés tratando de salirte del camino como un imbécil. Sus hijos están caminando enfrente de ella, cuando escucha lo que suena como alguien acercándose por el camino detrás. Se da la vuelta, y en los escasos segundos que no estuvo mirando, su hijo de cinco años desaparece. La madre asume que se debió de haber salido del tramo para orinar o algo por el estilo, y les pregunta a los otros dos hacia dónde se había ido su hermano. Ambos le dicen que «un hombre grande con una cara aterradora» llegó del bosque, agarró la mano del niño y lo condujo hacia los árboles. Los dos niños que quedan no se ven tristes; de hecho, la madre nos dijo que parecía que fueron drogados. Están distraídos y confundidos. Por supuesto, ella se altera y comienza a buscar frenéticamente a su hijo por el área. Como no puede irse corriendo al bosque a ciegas, pues tiene a los otros dos niños, llama a la policía y estos nos envían a nosotros de inmediato. Respondemos y comenzamos la búsqueda. Durante el transcurso de esta búsqueda, la cual abarcó kilómetros, nunca encontramos ni un solo rastro del niño. Los caninos no pudieron encontrar ningún aroma, no encontramos ninguna prenda ni arbustos rotos ni literalmente nada que pudiera significar que un niño estuvo ahí. Inevitablemente, hubo sospechas en contra de la madre, pero se volvió claro que ella estaba devastada por todo el asunto. Buscamos al niño por semanas con mucha ayuda de voluntarios. Pero al final la búsqueda fue cancelada porque había otras llamadas que teníamos que atender, y pasado cierto punto no hay mucho que podamos hacer. La madre del niño nos llamó cada día preguntándonos si habíamos encontrado a su hijo, y fue descorazonador escuchar cómo sonaba más y más desesperanzada con cada llamada. Pero los voluntarios siguieron buscando y, un día, recibimos una llamada por la radio reportando un cuerpo que necesitaba ser recuperado. Nos dijeron la ubicación y ninguno de nosotros podía creerlo. Supusimos que tenía que ser un niño diferente, pero nos dirigimos ahí, a casi veinticinco kilómetros del lugar donde había desaparecido, y efectivamente encontramos el cuerpo del niño que habíamos estado buscando. Un voluntario estaba en el área porque pensó en revisar lugares más remotos con la esperanza de que el cuerpo hubiera sido depositado por ahí. Llegó a la base de una pendiente alta y rocosa, y notó algo a la mitad de esta. Miró con sus binoculares y, en efecto, era el cuerpo de un niño pequeño que había sido metido en una pequeña apertura en las rocas. Reconoció el color de la camisa y supo de inmediato que era el niño desaparecido. Nos tomó casi una hora bajar el cuerpo y ninguno de nosotros podía creer lo que estábamos viendo. El niño no solo estaba a casi veinticinco kilómetros de donde había partido, sino que era imposible que hubiera podido escalar hasta ahí por sí solo. Esa pendiente era traicionera, y fue difícil subirla incluso para nosotros con nuestro equipo de escalada. Un niño de cinco años no tiene ningún medio para llegar ahí arriba. No solo eso, sino que el niño no tenía ningún rasguño encima. Así que no fue un animal lo que lo arrastró hasta ahí. Sus zapatos habían desaparecido, pero sus pies no estaban heridos ni sucios. Y por lo que podíamos ver, no había estado muerto por mucho tiempo. Para ese punto, había permanecido en el bosque por más de un mes, pero se veía como si solo hubiese estado muerto por un día o dos, cuando mucho. Todo el asunto era increíblemente extraño. Descubrimos más tarde que el médico forense determinó que el niño había muerto por la exposición. Se había congelado hasta la muerte, probablemente tarde por la noche, día y medio antes de que lo encontráramos. No hubo sospechosos ni respuestas. Hasta la fecha, es uno de los casos más desconcertantes que he tenido.

De entre todas las llamadas de personas desaparecidas a las que he acudido, solo un puñado han resultado en desapariciones completas (significando que ningún rastro de la persona ni ningún cuerpo fue encontrado). Pero, a veces, encontrar un cuerpo solo conduce a más preguntas que respuestas. Estos son algunos de los cuerpos que se han vuelto infames dentro de nuestro equipo:

—Una adolescente cuyos restos fueron recuperados casi un año después de que se había esfumado. Encontramos la parte superior de su cráneo, dos huesos de dedos y una cámara a sesenta kilómetros de donde había sido vista por última vez. La cámara, tristemente, fue destruida.

—La pelvis de un hombre adulto que se había esfumado un mes atrás. Eso fue todo lo que encontramos.

—La mandíbula inferior y el pie derecho de un niño de dos años, hallados en el pico más elevado de una cresta en la zona sur del parque.

—El cuerpo de un niño de diez años con síndrome de Down, a treinta kilómetros de donde se había esfumado. Había muerto por la exposición tres semanas después de haber desaparecido, y toda su ropa estaba intacta con la excepción de sus zapatos y chaqueta. Cuando hicieron la autopsia, había bayas y carne cocinada en su estómago. El médico forense dijo que parecía que alguien lo hubiese estado cuidando. Ningún sospechoso fue identificado.

—El cuerpo congelado de un bebé de un año encontrado una semana después de desaparecer, en el tronco hueco de un árbol a quince kilómetros del área en donde había sido visto por última vez. Se identificó leche fresca en su estómago, pero su lengua había sido arrancada.

—Una única vértebra y la rótula derecha de una niña de tres años, encontrados en la nieve, a treinta kilómetros del campamento en donde había estado con su familia el verano pasado.

Ahora, para pasar a un par de historias que mi amigo me contó, les mencioné que hubo mucho interés por las escaleras y tienen suerte: mi amigo ha tenido un encuentro cercano con ellas. A pesar de que tampoco tiene una explicación para el fenómeno, sí ha tenido más experiencias con las escaleras que yo.

Mi amigo ha sido un oficial de búsqueda y rescate por alrededor de siete años. Comenzó desde sus primeros años de universidad y tuvo una experiencia muy similar a la mía en su primer encuentro con las escaleras. Su entrenador le dijo casi lo mismo que la mía me dijo. Durante su primer año, hizo justamente lo que le indicaron, pero al parecer su curiosidad le ganó, y en el caso de una joven extraviada, se separó de la línea encabezada por canes para examinar un tramo de escaleras. Dijo que estaban a unos quince kilómetros del sendero en el cual la joven había desaparecido. Lucían como si fueran de una casa nueva, porque el alfombrado estaba prístino y blanco. Dijo que, a medida que se acercaba, no sintió nada diferente ni escuchó ningún sonido extraño. Estaba esperando que pasara algo, como sangrar de sus orejas o colapsar, pero se paró justo al lado de ellas y no sintió nada diferente. Dijo que lo único extraño era que no había absolutamente nada de desperdicios en los escalones —polvo, hojas, tierra— y no parecía haber ningún signo de actividad animal en el área inmediata. Pero no era tanto que la naturaleza estuviera evadiendo las escaleras; simplemente se encontraba en una parte desolada del bosque. Tocó las escaleras y no sintió nada aparte de esa sensación pegajosa de las alfombras nuevas. Asegurándose de que su radio estuviera encendido, subió las escaleras lentamente. Dijo que fue aterrador porque realmente no sabía qué iba a pasar por la manera en que las escaleras han sido estigmatizadas. Bromeó con que una parte de él esperaba ser teletransportado a otra dimensión, y otra parte estaba atento en caso de que un OVNI descendiera del cielo en picada. Pero llegó a la cumbre sin incidentes, y se quedó ahí parado viendo alrededor. Me dijo que mientras más tiempo permanecía en el escalón superior, más sentía como si estuviese haciendo algo que estaba muy, muy mal. Lo describió como el sentimiento que te daría si estuvieras en un edificio del gobierno en el que no deberías estar, como si alguien estuviese a punto de aparecer y arrestarte o te fuera a disparar en el reverso de la cabeza. Trató de ignorarlo, pero el sentimiento se volvió más y más fuerte, y fue entonces cuando se dio cuenta de que no podía escuchar nada más. Los sonidos del bosque se habían ido y ni siquiera podía oír su propia respiración. Fue como un zumbido terrible, opresivo. Se bajó y se volvió a unir a la búsqueda sin mencionar lo que había hecho. Pero, según me contó, la parte más extraña vino después. Su entrenador lo estaba esperando devuelta en el centro de bienvenida después de que la búsqueda se suspendiera por el resto del día, y arrinconó a mi amigo. Su entrenador tenía una mirada de enojo intenso, y mi amigo le preguntó qué era lo que pasaba. «Las subiste, verdad». Mi amigo dijo que lo pronunció como una afirmación. Arrepentido, le preguntó cómo lo supo. Su entrenador solo negó con la cabeza. «Porque no la encontramos. Los perros perdieron su aroma». Mi amigo le preguntó qué tenía que ver eso. Su entrenador le preguntó por cuánto tiempo había estado en las escaleras, y mi amigo respondió que no más de un minuto. Entonces su entrenador lo vio con una mirada de ojos fríos y le dijo que lo despedirían si volvía a subirse a otro tramo de escaleras. Luego se alejó, y supongo que nunca contestó ninguna de las preguntas que mi amigo le hizo.

La segunda historia de mi amigo que les compartiré es relativamente nueva. Sucedió hace solo unos meses.

Habían salido para hacer un reconocimiento, porque tuvieron muchos reportes de avistamientos de pumas en el último par de días. Uno de nuestros trabajos es explorar las áreas en donde estos animales son vistos para procurar que, si están en el área, podamos advertirles a las personas y cerrar esos tramos. Mi amigo iba por su propia cuenta en una parte seriamente arbolada del parque, y se estaba haciendo de noche cuando escuchó lo que sonó como una mujer gritando en la distancia. Ahora bien, como muchos de ustedes sabrán, cuando un puma grita, suena casi como una mujer siendo asesinada brutalmente. Es perturbador, pero está lejos de ser anormal. Mi amigo avisó por la radio que había escuchado uno y que iba a seguir para ver si podía descubrir en dónde se habían asentado. Escuchó al puma gritar un par de veces más, siempre desde el mismo lugar, y calculó el área aproximada del territorio del puma. Estaba a punto de regresar cuando escuchó otro grito, esta vez a solo unos metros de distancia. Por supuesto, se alteró y empezó a caminar a un paso más apresurado, porque lo último que quería era que un maldito puma lo mutilara hasta la muerte. Pero mientras regresaba al sendero, los gritos lo persiguieron, y salió corriendo a toda marcha. Cuando estaba a kilómetro y medio de la base de operaciones, los gritos se detuvieron y se dio la vuelta para ver si el puma venía por detrás. Era casi de noche, pero dijo que, en la distancia y justo antes de que el sendero se bifurcara, vio lo que parecía ser una figura femenina. Mi amigo llamó a la persona advirtiéndole que los senderos estaban cerrados y que debía regresar al centro de bienvenida. La figura simplemente se quedó ahí parada, y mi amigo decidió acercarse. Según la descripción que me dio, cuando estaba a unos diez metros de distancia, la figura dio «un paso imposiblemente largo» hacia él y profirió el mismo grito que había estado escuchando todo ese tiempo. Mi amigo ni siquiera dijo algo, solo se dio la vuelta y salió corriendo hacia la base sin nunca ver atrás. No se lo mencionó a nadie más. Solo les dijo que había un puma en el área y que tenían que cerrar esos senderos hasta que el animal fuera localizado y trasladado.

Me detendré aquí por hoy porque esto se ha convertido en otro muro enorme de texto. Mañana saldré a una sesión de entrenamiento anual, así que no me verán por aquí hasta inicios de la semana siguiente. Me reuniré con muchos antiguos entrenadores y compañeros que trabajan en otras áreas del parque, y haré rondas para indagar sobre cualquier tipo de historia que ellos me quieran compartir.

Me pone muy feliz que estén interesados en nuestras historias, y cuando regrese, ¡seguiré contándolas!

  • Primero: soy el primer comentario , yeii

    Segundo: esta historia con el hombre de «muecas feas» parece muy similar al «hombre oso»..
    Así que sigo pensando que usan las escaleras para transportarse, hasta me parece similar a la trama de la película del » laberinto del Fauno» donde en medio den bosque sale una escalera y la manda a otro mundo..
    Tal ves los hombres raros solo son secuaces para reclutar a nuevos gobernantes de sus mundos conducidos por las escaleras , pienso que por eso no los matan y cuando mueren por exposición van al reino :v
    O tal ves solo veo mucha tv jaja

  • No sé si este oficial llegara a la 6 historia, pero lo dudó, se que la 5 quedará incompleta, peor aún así, LO AMO!!

  • Me intriga el hecho de que los zapatos de las victimas nunca son encontrados

  • Sólo espero no tener que esperar toda una semana para leer mas.

  • Wow… Me estoy volviendo adicto a las historias de este señor =)