¡Hola a todos! He vuelto de mi programa de entrenamiento y tengo muchas historias interesantes que compartirles. De hecho, son tantas que tendré que separarlas en dos partes, esta siendo la primera. Me encantaría ponerlas todas en una sola entrada, pero aún no he tenido tiempo para escribirlas. Como sé que han estado esperándolas, pasaré directo a las historias. Le he asignado cada tanda de historias a la persona que me las contó.

KD

Esta es una veterana que ha trabajado como oficial de búsqueda y rescate por casi quince años. Se especializa en rescates en montañas elevadas, y es ampliamente considerada una de las mejores en su campo.

KD fue una de las narradoras más entusiastas, y como pasamos juntos bastante tiempo durante los ejercicios, pudo contarme varias historias que me dejaron impresionado.

La primera fue en respuesta a mi pregunta sobre sus casos más traumatizantes. Comenzó negando con la cabeza y me dijo que los peores casos ocurren con más frecuencia en las montañas, pues el potencial para los accidentes nefastos es mayor. Hace más o menos cinco años, uno de los parques en donde trabajaba tuvo una serie de desapariciones. Dijo que fue un año malo, uno de los peores en cuanto al clima. Llegaban casi veinte centímetros de nieve cada día, y hubo unas cuantas avalanchas que mataron a varios alpinistas. A pesar de que les habían advertido a las personas que se limitaran a las áreas exploradas y seguras, siempre están los que no hacen caso.

En un caso particularmente nefasto, una familia entera fue barrida porque el padre decidió que sabía más que los oficiales, y llevó a su familia de cinco a un área desolada. Estaban esquiando en un depósito de nieve que se veía sólido, pero que en realidad no lo era. Sucumbió y la familia rodó casi un kilómetro por la pendiente. Aterrizaron en las rocas del fondo y los padres murieron instantáneamente, al igual que uno de los niños. Pero los otros dos sobrevivieron. Uno tenía una pierna rota y costillas fracturadas, y el otro estaba casi ileso salvo por unos moretones y un tobillo torcido. El niño no herido dejó atrás a su hermano y se dispuso a encontrar ayuda. KD dijo que el niño no había recorrido ni un kilómetro antes de que una tormenta lo envolviera. Se detuvo para tratar de calentarse, o quizá solo para descansar, y terminó muriendo congelado. Al final, encontraron a la familia con la ayuda de los testigos que los vieron internándose en la naturaleza, y fue KD quien encontró al niño que había muerto buscando ayuda. Dijo que estaba nevando lo suficiente como para obstruir la mirada, pero no tanto como para imposibilitar la búsqueda. Vio una figura distante sentada en la nieve y corrió hacia ella lo más rápido que pudo. Me explicó cómo primero se dio cuenta de que era un niño, luego que estaba muerto, y por último que se había congelado en una de las posiciones más lamentables en las que había encontrado un cadáver. El niño estaba sentado con sus rodillas abrazadas tensamente contra su pecho y tenía la cabeza metida en su abrigo. Cuando KD movió el abrigo para ver su rostro, se dio cuenta de que había estado llorando. Su expresión estaba arrugada y las lágrimas se habían congelado en sus mejillas. Dijo que era dolorosamente obvio que el niño debió de estar aterrorizado mientras sucumbía ante la hipotermia, y, como madre, le rompió el corazón. Comentó varias veces que esperaba que el padre estuviera ardiendo en el Infierno.

Cuando le dije que estaba interesado en cualquier experiencia que hubiese tenido con personas que desaparecieron por completo, sus ojos se iluminaron y se me acercó más. «¿Te cuento algo bien loco?», anunció con una sonrisa.

En su segundo año como oficial de búsqueda y rescate, hubo un caso que recibió mucha cobertura en los medios de comunicación.

Una familia sale a recoger bayas en el área de un bosque cercano a la entrada del parque. Tienen dos niños pequeños, y, en algún punto del día, uno de ellos desaparece. Lo que sigue es una búsqueda absolutamente masiva, y no encuentran absolutamente nada. Es otro de esos casos en donde pareciera que el niño nunca estuvo ahí para empezar. Los perros solo se sientan sin captar ningún aroma, ni existe ningún rastro del niño. La búsqueda continúa por dos meses, pero al final se cancela. Seis meses más tarde, la familia regresa para colocar flores en un monumento que se ha hecho para el niño. Llevan a su otro hijo. Mientras están colocando las flores, en cuestión de segundos, el niño se desvanece por completo. Ahora bien, los padres están más que devastados. Es suficientemente terrible perder a un hijo, pero perder dos es inimaginable. La búsqueda es tremenda, una de las más grandes en la historia del condado. Hay alrededor de trescientos voluntarios rastrillando cada centímetro del parque. Pero, de nuevo, no hay ningún rastro. La búsqueda continúa por alrededor de una semana, con las personas desplazándose a kilómetros de donde el niño había desaparecido. Y entonces, casi dos semanas después, un voluntario comunica por radio que ha encontrado al niño a más de veinte kilómetros del área de búsqueda designada. Se asume que el niño está muerto, pero el voluntario dice que no solo está vivo, sino que se ve saludable. KD y su equipo salen para recuperar al niño, y cuando llegan ahí no pueden creer que ese niño hubiese estado desaparecido. Su ropa está limpia, no tiene tierra por ningún lado y no parece estar traumatizado. El voluntario dice que encontró al niño sentado en un tronco jugando con un manojo de ramas amarradas con cuerda. KD le pregunta al niño en dónde ha estado, con quién ha estado durante esas dos semanas, y el niño le dice que ha estado con «el hombre borroso». Ahora bien, KD cree firmemente en Pie Grande, así que se pone toda emocionada y le pregunta a qué se refiere con «borroso». El niño dice que era «borroso como cuando cierras tus ojos, pero no del todo». Dice que salió de los árboles y se lo llevó a la profundidad del bosque, en donde lo hacía dormir en un árbol hueco y le daba de comer bayas. KD le pregunta si el hombre era malo, si lo había asustado, y el niño dice: «No, no me daba miedo. Pero no me gustaba que no tuviera ojos». KD me explicó que regresaron al niño a los cuarteles principales y un policía lo llevó al pueblo para hablar con él acerca de lo que pasó. Como es amiga del policía, este le reportó que el niño describió haber estado en el árbol con el hombre borroso, recibiendo bayas siempre que tenía hambre. Tenía permitido caminar por un claro cercano, pero cuando trataba de ir más lejos, el hombre borroso «se enojaba y gritaba muy fuerte, a pesar de que no tenía boca». Cuando el niño se sentía asustado por la noche, el hombre borroso «hacía luz» y le daba un manojo de ramas. Dijo que el hombre borroso se iba a quedar con él, pero tuvo que dejarlo ir porque no era «del tipo correcto de niño». No supo dar más detalles sobre esto. Los policías se quedaron rascándose la cabeza, y aunque el niño nunca vio a su hermano, la búsqueda fue reanudada. Una vez más, sin resultados.

La última historia que KD me contó fue algo que le pasó al separarse de su grupo de entrenamiento cuando era una novata. Estaban aprendiendo lo básico de las grandes alturas en una montaña bien explorada, y tuvo que ir al baño. Se separó unos cincuenta metros del grupo.

Esta vez pensé en grabar su historia, así que contaré el resto exactamente como ella me lo contó a mí:

«Entonces fui a orinar, y cuando terminé, empiezo a regresar al grupo. Pero solo me había movido dos metros cuando me di cuenta de que no tenía idea de dónde estaba. Y no fue un momento de desorientación cualquiera. Literalmente no tenía ni puta idea de dónde estaba. Si me lo hubieras preguntado, ni siquiera habría podido decirte en qué país estábamos. Es como me imagino que se han de sentir las personas con amnesia, ¿sabes? Estar completamente perdido, sin saber qué hacer. Así que me quedé ahí parada por un tiempo, simplemente tratando de descifrar en dónde coño estaba y qué se supone que debía estar haciendo. Pero mientras más permanecía parada, más confundida y desorientada me sentía, así que empecé a caminar. Escogí una dirección aleatoria y me fui por ahí. Pero incluso caminando, me ponía peor y peor, al punto en que no tenía ningún concepto de por qué estaba en la montaña. Solo caminaba robóticamente por la nieve, hasta que escuché una voz. Era como si una rana pudiera hablar, profunda y ronca. Y me dijo, una y otra vez, que todo estaba bien, que todo estaba bien, que solo necesitaba encontrar algo que comer. «Encuentra algo que comer y estarás bien, solo sigue caminando y encuentra algo que comer. Comer. Comer». Así que busqué en el área algo que fuera comestible, y juro por Dios que nunca me había sentido tan hambrienta en toda mi vida. Era un abismo, y creo que me habría comido prácticamente cualquier cosa que me pusieran enfrente. No sé cuánto tiempo pasó hasta que escuchara una segunda voz, más real, y aproximándose. Fui hacia ella y encontré otro oficial de búsqueda y rescate, que lucía jodidamente aterrado. Estaba corriendo hacia mí, preguntándome si estaba bien y qué demonios hacía ahí. Y la parte aterradora es que, mientras estaba corriendo hacia mí, me vi acercando una mano al cuchillo de caza en mi cinturón. Ni siquiera estaba pensando lo que hacía, solo que debía comer. Que si no comía, nunca volvería a estar bien, así que debía comer. Él vio lo que estaba haciendo y retrocedió de inmediato. Me gritó que guardara el cuchillo, que no me iba a herir, y eso me sacó de mi estupor. De pronto, sabía exactamente quién era y guardé el cuchillo. Corrí hacia él y le pregunté por cuánto tiempo me había ido, pensando que me diría que me fui por más o menos media hora, pero me dijo que había desaparecido por dos malditos días. Me había cruzado dos picos y había terminado casi al otro lado de la montaña, y si hubiese seguido, me habría internado en casi quinientos kilómetros de tierra salvaje. Nunca me habrían encontrado. El oficial no podía creer que estuviera viva, y yo por supuesto no sabía qué mierda pensar. Para mí, no había pasado nada de tiempo. No le dije nada. Simplemente regresé con él al punto de encuentro y fui llevada a los cuarteles principales para ser transportada al hospital. Cuando llegué ahí, me hicieron todo tipo de exámenes, y traté de averiguar qué me había pasado. La mejor conjetura fue que tuve alguna especie de estado disociativo, similar a la amnesia, o que tuve una convulsión que sacó de sintonía a mi cerebro. Pero la verdad es que realmente no sabían qué pasó. Nunca me ha pasado de nuevo, pero te diré que, desde entonces, nunca salgo a las montañas desacompañada. Los demás me fastidian por hacerlos venir conmigo cuando tengo que separarme del grupo, pero simplemente les digo que escucharme orinar en la nieve es mejor que perderme por dos malditos días en una montaña gélida».

PB

Por pura coincidencia, tuve la oportunidad de hablar con otro veterano que ha estado en el campo de búsqueda y rescate por décadas. Fuimos emparejados en una revisión de zona para uno de los ejercicios de entrenamiento, y estábamos charlando casualmente acerca de lo que nos gustaba del trabajo, el tipo de cosas que habíamos visto, y otros temas semejantes. En un punto, pasamos a un lado de un tramo antiguo de escaleras, aunque estas pertenecían a un observatorio de incendios colapsado. Se quedó callado y parecía que quería decirme algo, pero que no estaba seguro si debía hacerlo. Al final, me dijo que apagara mi radio. Obviamente, esto es algo que nunca debemos hacer, pero lo hice, y él hizo lo mismo.

Hace más o menos siete años, me dijo que estaba en un caso junto a un novato. Ambos inspeccionaban un área del parque que había tenido muchos reportes y eventos extraños. Desapariciones, historias de luces en el bosque, ruidos extraños y cosas como esas. El novato estaba totalmente aterrado, no dejaba de hablar de «las cosas en el bosque».

Supe inmediatamente que se trataba de algo relacionado con las escaleras, así que sentí la necesidad de grabar su historia, pero no le pedí permiso por temor a que se negara.

Fue así como PB lo contó: «El muchacho no dejaba de hablar del Hombre Cabra. Solo seguía y seguía, el Hombre Cabra esto, el Hombre Cabra aquello. Al final, le dije que en los bosques había cosas mucho más reales a las que debía temerle, y que le convenía superar esa fijación con el Hombre Cabra. El novato quería saber a qué cosas me refería, y solo le dije que se callara y que caminara. Rodeamos una cresta y había un tramo de escaleras a unos diez metros de distancia. El novato se paró en seco y se quedó quieto, mirándolas. Le dije: “¿Ves? Témele a eso”. El novato me preguntó por qué demonios estaban ahí, y, por alguna razón, simplemente me abrí y le dije la verdad. O lo que me han dicho que es la verdad. Me pude haber metido en muchos problemas por hacer lo que hice, y me puedo meter en muchos problemas por repetirlo para ti hoy. Pero eres un buen chico y quiero que dejes de investigar esto. Déjalo mientras puedas. Así que te diré lo que sé, bajo la condición de que nunca confrontes a nuestros superiores por esto. Cuando me inicié como oficial de búsqueda y rescate, eran menos reservados para hablar de las escaleras, y lo mismo con otras cosas que pasan por aquí. Incluso antes de formalizar las contrataciones de personal, se les hacía la advertencia de que en los bosques pasa mucha mierda rara. Supongo que el Servicio Forestal estaba cansado de tener una tasa de renuncias tan elevada y querían que las personas supieran a qué se estaban metiendo. Así que empezaron a hacer que firmaran unos acuerdos de que no irían a los medios de comunicación a exponer las cosas que vieran. El Servicio Forestal no quería ahuyentar a las personas, así que lo último que necesitaba era que los novatos asustadizos acudieran a los noticieros con historias de fantasmas y escaleras embrujadas. Pero, al final, descubrieron que los acuerdos no eran necesarios. Nadie quería hablar de lo que veían. Algunas veces, los medios de comunicación trataban de hablar con las personas cuando niños o alpinistas desaparecían, pero nadie decía nada. Realmente no sabría explicarlo, pero supongo que… simplemente no queremos admitir que algo anda mal. Este es nuestro trabajo, salir a los bosques cada día. No necesitamos estar asustados, y la mejor manera de evitarlo es pretender que todo está bien. Así que te contaré todo lo que se me ocurra, y, después de eso, habré terminado de hablar del asunto. Y espero que nunca saques el tema delante de mí. Las escaleras han estado aquí afuera desde que los parques han existido. Tenemos registros de descripciones que se remontan a décadas atrás. A veces, las personas las suben y no pasa nada. Otras veces… Mira, realmente no me gusta hablar de esto, pero a veces pasan cosas terribles. Vi a un hombre que se le rebanó la mano cuando llegó al escalón superior. Extendió su brazo para tocar la rama de un árbol, y pasó tan rápido. Un segundo su mano estaba ahí, y al siguiente se había ido. Un corte completamente limpio. No encontramos su mano y el sujeto casi muere desangrado. En otra ocasión, una mujer tocó las escaleras y un vaso sanguíneo en su cerebro explotó. Literalmente explotó, como un globo de agua. Trastabilló hacia mí, y lo único que logró decir fue: “Creo que me pasa algo”. Se desplomó como un saco de harina, muerta antes de tocar el suelo. Nunca voy a olvidar cómo su sangre se coló dentro de su ojo. Antes de morir, vi que se tornó rojo. Lo vi ocurrir y no hubo una sola cosa que pudiera hacer para ayudarla. Ahora les advertimos a los oficiales que no se acerquen a las escaleras, pero siempre hay al menos un idiota que lo hace. E incluso si no les pasa nada malo a ellos, algo malo siempre pasa. Niños que desaparecen mientras les seguimos el rastro. Alguien que muere al día siguiente en una parte completamente segura del parque. No sé por qué, tampoco sé por qué están aquí afuera. Pero no importa, están aquí, y si somos inteligentes, empezaremos a decirles a nuestros oficiales nuevos lo que las escaleras son capaces de hacer».

Ambos nos quedamos callados por un momento. Tenía miedo de hablar porque no estaba seguro si él había terminado. Me vio como si quisiera decir algo más. Finalmente, habló de nuevo. «¿Ya te diste cuenta de que no puedes encontrar las mismas escaleras dos veces?».

Lo miré a los ojos, esperando impacientemente que continuara, pero solo se quedó callado sin dejar de caminar, y después comenzó una historia sobre el venado más grande que había visto. No saqué el tema de nuevo y no quise presionarlo con más historias.

  • Las escaleras son el motivo de todo y si los niños desaparecidos simplemente van a otro lugar del mundo? Tiempo como portales

  • Me pregunto cómo saben que fue el padre quien interno a la familia a una zona no segura?? La verdad es que pudo haber otra cosa …..

  • Me gustaría ver una foto del «hombre borroso», creo yo sería de esas q sube la escalera y x desgracia me termina pasando algo a mi y no a los de más.. jaj

  • En si, el hombre borroso se quedó solo con uno de los niños

  • Ahora entiendo porque cuando subió unas escaleras le preguntaron si las había subido, porque perdieron el rastro de la mujer que buscaban! :0