Me disculpo por la actualización tardía. Las cosas se han puesto un poco ajetreadas acá por ser verano, y no estoy seguro de con cuánta frecuencia podré actualizar de aquí en adelante. Realmente aprecio todo el interés que han mostrado; despertaron una curiosidad en mí que no sabía que tenía. Y aunque solo tengo tres historias más para compartirles, ¡quiero escuchar las opiniones de todos!

EW

La siguiente persona con la que hablé fue un antiguo entrenador que ahora trabaja como paramédico. Sigue viniendo a programas de entrenamiento como este para ayudar, pero ya no trabaja para nosotros a tiempo completo. Se había especializado en encontrar niños perdidos, pues parece tener un sexto sentido cuando se trata de predecir adónde se han ido. EW es considerado una leyenda entre los veteranos más establecidos, pero se avergüenza siempre que le dan un cumplido por su trabajo.

Una noche se sentó a cenar conmigo y terminamos intercambiando historias. La mayoría de ellas solo fueron casuales, pero cuando entramos al tema de los casos más extraños, le mencioné que uno de mis amigos había subido un tramo de escaleras. Se puso algo callado y me preguntó si había escuchado acerca del niño pequeño que desapareció del parque donde él trabajaba, hace unos años. Le dije que no, así que me contó esta historia:

Habían salido a buscar a un niño de once años, Joey, que desapareció cerca de un río. Por supuesto, la primera conjetura fue que se había caído y se había ahogado, pero cuando trajeron a los perros, estos condujeron a los oficiales lejos del río y hacia un área muy densamente arbolada. Siempre que hacemos búsquedas de personas, buscamos en un patrón de cuadrícula, y revisamos cada «caja» de la cuadrícula con meticulosidad increíble. Lo que el equipo de EW notó de inmediato fue el patrón extraño que estaba emergiendo. Los perros en cajas alternas estaban captando el aroma de Joey, pero lo perdían cuando se cruzaban a otra caja. Si piensas en un tablero de damas chinas, el aroma de Joey estaba siendo captado en los cuadros negros, pero nunca en los rojos. Esto, por supuesto, no tenía sentido. El niño no podría saltar de área en área sin ir impregnando su aroma. Aquí es donde entran en juego las escaleras.

EW y su compañero pasan a otra caja de la cuadrícula, y EW nota un tramo de escaleras a unos cincuenta metros de distancia. Le dice a su compañero que deben ir a revisar por ahí, pero su compañero se rehúsa rotundamente. Le dice a EW que ha jurado nunca acercarse a ninguna de las escaleras, y que, aunque pueden ser algo habitual para nosotros, no va a pretender que son normales. Le dice a EW que se mantendrá en el perímetro mientras él va a revisar. EW me comentó que estaba irritado, pero que comprendía al sujeto y no quiso presionar el asunto.

Ya habíamos terminado de comer y empecé a grabar su narración a partir de este punto:

«Caminé hacia las escaleras. Eran pequeñas, como las escaleras de los sótanos. No me hacían sentir nada en particular, así que no estaba asustado o algo por el estilo. En fin, me acerqué y pude ver que había algo acostado en el primer escalón, como acurrucado. Mi corazón dio un vuelco, porque obviamente siempre esperas lo mejor en las búsquedas, y teníamos la confianza de que íbamos a encontrar al niño con vida porque solo había desaparecido unas horas. Pero supe de inmediato que era él, y que estaba muerto. Estaba acurrucado en forma de bola sobre el escalón, sosteniéndose el estómago. Parecía haber soportado un dolor terrible cuando murió, pero no vi nada de sangre, excepto un poco en sus labios y mentón. Anuncié por radio que lo había encontrado, y llevamos su cuerpo de vuelta a la base. Esa pobre familia, estaban devastados. Los padres no podían entender cómo era posible que estuviera muerto, porque había desaparecido por muy poco tiempo. Y encima de eso, no teníamos ninguna causa de muerte obvia, lo cual solo empeoraba las cosas. Yo supuse que se había comido algo venenoso, dado que se estaba apretando el estómago cuando lo encontré, pero no quise adivinar. Es suficientemente difícil tener que escuchar que tu hijo está muerto, y sería aún peor si un oficial estúpido estuviera tratando de adivinar lo que pasó. Se lo llevaron y me fui a casa, haciendo todo lo posible por no pensar en ello. Odio encontrar niños muertos, joder. Solía amar este trabajo, pero esa fue una de las razones por las que me fui. Tengo dos hijas, y la idea de perderlas así…».

Se quedó sin habla en esta parte. No soy bueno con las cosas emocionales, y siempre es algo incómodo ver a un hombre adulto llorando, así que realmente no supe qué decir. Pero al final recuperó la compostura y siguió.

«No siempre llegamos a escuchar la causa de muerte de parte de los médicos forenses. Saber eso realmente no es nuestro trabajo, y, a veces, cuando creen que hubo un crimen, no nos dicen nada por mamadas legales. Pero tengo un amigo que trabaja para el departamento del alguacil, y usualmente me pasa cualquier información interesante si pregunto. En este caso, fui yo quien recibió una llamada de él, una semana después. Me preguntó si recordaba al niño, y por supuesto que sí, así que me dijo: “EW, creerás que estoy loco, pero el médico forense no tiene idea de qué le pasó a este niño. Nunca ha visto algo así”. Mi amigo procedió a explicarme que, cuando el médico abrió al niño, no podía creer lo que estaba viendo. Los órganos del niño eran como queso suizo. Había agujeros del tamaño de centavos que atravesaban limpiamente casi cada órgano, excepto su corazón y pulmones. Pero su colon, estómago, riñones e incluso sus testículos estaban llenos de esos agujeros limpios. Mi amigo dijo que el médico lo describió como si alguien hubiese utilizado una perforadora para hacer los agujeros, pues eran demasiado nítidos. Pero el niño no tenía ningún rasguño encima, ni heridas de entrada o salida. Lo más parecido a eso que mi amigo había visto fue un sujeto, el año anterior, que se había llenado de perdigón mientras limpiaba su rifle. Hasta donde sé, el médico determinó una causa de muerte como “sangrado interno masivo”, pero nadie sabe qué pasó en realidad. Nunca he podido olvidarme de ese niño. A veces tengo pesadillas sobre él. No dejo que mis niñas vayan al bosque desacompañadas, y cuando vamos juntos, nunca las pierdo de vista. Solía estar enamorado de la intemperie, pero ese caso, y otros dos, básicamente me lo arruinaron».

La cena había terminado y todos se habían retirado, así que hicimos lo mismo y regresamos a nuestras cabinas. Antes de despedirnos, puso su mano en mi hombro y me vio a los ojos. Me dijo que hay cosas malas ahí afuera. Cosas a las que no les importa si tenemos familia, ni el hecho de que podamos sentir y pensar. Me dijo que tuviera cuidado y se alejó.

No me incomodo con mucha facilidad, como la mayoría de quienes trabajamos aquí, pero esa anécdota se ha quedado conmigo.

Uno de los veteranos que me encontré durante el programa de entrenamiento también visita este foro y reconoció mis historias. Nos conocemos muy bien y hemos intercambiado historias en el pasado.

Estaba muy alegre por que decidiera compartir estas historias. Me dijo que le parece importante que las personas estén conscientes de lo que hay ahí afuera, «especialmente porque el Servicio Forestal está haciendo un muy buen trabajo para cubrirlo todo». Le pregunté a qué se refería, a lo cual respondió, airadamente: «¿Cómo que a qué me refiero? ¿La falta de cualquier tipo de difusión en los medios de comunicación? ¿Nada de cobertura para los niños desaparecidos o los cuerpos encontrados a kilómetros de donde se perdieron? David Paulides dio en el clavo, el Servicio Forestal está haciendo todo lo que puede para que las personas vengan aquí, incluso si no es seguro».

Para ser justos, no es como si estas cosas pasaran todos los días. Pero los incidentes se acumulan, y realmente vale la pena indagar. Luego hizo un comentario sobre las personas que se habían incomodado por el hombre sin rostro vestido con parka de mi primera publicación. Se emocionó bastante y me dijo que había visto algo similar. Esta es su historia:

«Hace unos años, estaba en la intemperie para un ejercicio de entrenamiento. Estábamos acampando, cada quien en su tienda, y escuché a alguien dando vueltas afuera del campamento. Como sabes, nos advierten que no nos alejemos demasiado, así que me pregunté si quizá era un novato que se había levantado para orinar y no pudo encontrar su camino de regreso. ¿Pero recuerdas a ese sujeto en nuestro grupo que casi se cae de la maldita montaña? Bueno, me pone paranoico que vuelva a pasar, así que me levanté para ver qué estaba sucediendo. Me dirigí al límite del campamento y lo llamé, diciéndole que el campamento estaba en mi dirección. Pero aún lo veía adentrándose en el bosque, así que fui detrás de él (o ella). Logré seguirlo por un tramo totalmente recto de casi un kilómetro, y luego se detuvo al borde de un río pequeño. Podía ver su silueta porque el agua estaba reflejando la luna, y se veía como un hombre ordinario. Llevaba puesta una mochila y parecía que estaba mirando en mi dirección. Le pregunté si estaba bien, si necesitaba ayuda, y ladeó su cabeza como si no me hubiera entendido. Siempre llevo conmigo mi cuchillo de mano que tiene atada una pequeña linterna. La encendí y la alumbré en su pecho para no cegarlo. Estaba respirando lenta y profundamente, lo que me hizo pensar que quizá estaba sonámbulo. Me acerqué y le pregunté de nuevo si estaba bien. Pero moví la luz y algo no se veía bien; me detuve. Seguía respirando con alientos pausados y profundos, y comprendí, gradualmente, que eso era lo que me molestaba. Sus respiraciones eran demasiado parejas y profundas, y todos sus movimientos eran exagerados, como sus hombros alzándose y su pecho inflándose. Era como si estuviera pretendiendo respirar. Le pedí que se identificara e hizo un ruido ahogado. Levanté la luz para verlo bien, y no te jodo, ese hombre no tenía rostro. Solo piel lisa. Me alteré y casi pierdo el pulso en mi linterna. Entonces lo vi moverse hacia mí, pero en realidad no se movió. No sé cómo explicarlo, un segundo estaba al borde del río, y al siguiente estaba a solo dos metros de mí. Nunca desvié la mirada ni parpadeé, fue como si se hubiera movido tan rápido que mi cerebro no pudo procesarlo. Trastabillé y caí sobre mi culo, y noté la línea en su garganta que empezaba a abrirse. La línea se estiró de extremo a extremo y el hombre echó su cabeza hacia atrás. Me estaba sonriendo con el corte en su garganta. Plenamente aterrado, me levanté y corrí tan rápido como pude. Nunca escuché que me siguiera, pero lo sentía detrás de mí, incluso cuando me di la vuelta y no lo vi. Al llegar al campamento, me calmé un poco. El fuego aún estaba encendido, y supongo que la mentalidad de manada me permitió sosegarme y recuperar el aliento. Esperé a un lado de la fogata para ver si me había seguido hasta ahí, pero no volví a escuchar nada más. Sé que suena extraño, todo el asunto fue tan irreal que casi lo descarté como mi imaginación».

La última noche del retiro, antes de irnos a la cama, nos habíamos reunido para contar historias de fantasmas, solo para asustarnos y burlarnos de quien se acobardara primero. La mayoría de las veces, eran los novatos, pero una mujer contó una historia que en verdad me afectó. Sé que tuvo el mismo impacto en otros oficiales. Nos dijo que era una anécdota real, pero claro, toda historia de fantasmas contada en torno a una fogata es real.

Cuando era una niña, ella y su amiga solían frecuentar el bosque detrás de su casa. Vivían al norte de Maine, en donde hay muchos bosques nacionales densos y despoblados. Explicó que los bosques de allá no son como los de acá. Son tan espesos en ciertos puntos que los árboles bloquean al sol casi por completo. Ella y su amiga crecieron allá, así que no les daba miedo estar solas, pero siempre se mantenían atentas. Dijo que nunca fue discutido abiertamente, pero que siempre supieron que no debían internarse en el bosque a más de dos kilómetros. Los adultos nunca aclararon por qué; era una regla tácita. Ella y su amiga inventaban historias de osos tan grandes como casas que vivían en la foresta, y solían asustarse mutuamente haciendo ruidos de gruñidos y escondiéndose. Nos relató que, un verano, hubo una serie de tormentas terribles que tiraron muchos árboles e incendiaron una parte del bosque que estaba a varios kilómetros detrás de su casa. La tripulación de bomberos logró controlar la situación, pero algunos de ellos «no eran los mismos» cuando regresaron.

«Fue como si hubieran ido a la guerra. Se podía distinguir quiénes estaban afectados porque todos tenían la misma mirada en sus rostros; creo que lo llaman neurosis de guerra. Mi amiga y yo decíamos que eran como muertos andantes. No sonreían ni te contestaban nada si te acercabas a ellos, y la mayoría abandonaron el pueblo apenas todo había acabado. Le pregunté a mis padres por qué los bomberos estaban tristes, pero me dijeron que no sabían de qué estaba hablando. Cuando se anunció que el bosque era seguro de nuevo, mi amiga y yo decidimos ir a escalar por donde el fuego había estado. No le dijimos a nuestros padres que iríamos, y era muy emocionante pensar que los estábamos desobedeciendo de tal forma. Escalamos por más o menos tres kilómetros y comenzamos a ver árboles quemados, entre otras cosas. Recuerdo que mi amiga se puso muy triste porque encontramos el esqueleto de un venado enrollado debajo de un árbol, y prácticamente tuve que llevármela arrastrada porque quería enterrarlo, pero yo no quería que lo tocara porque sus cuernos eran raros (no recuerdo por qué, solo recuerdo pensar que estaban mal y no quería que ninguna de las dos nos acercáramos). Mientras más nos adentrábamos en el bosque, más quemado estaba todo. Al final, ya no quedaba ningún árbol en pie, y era como estar en otro planeta. Casi nada de verde, solo café y negro por todas partes. Estábamos ahí paradas, contemplándolo todo, y ambas escuchamos al hombre gritando en la distancia. Entramos en pánico porque pensamos que era mi papá y que me iba a decir que estaba castigada. Mi amiga se echó a correr y se escondió detrás de una roca grande. Sus padres le habían prohibido siquiera entrar al bosque, y ella les había mentido con que iríamos a ver una película. La seguí y escuchamos desde ahí. Podía oír una voz que se acercaba, pero me di cuenta de que estaba pidiendo ayuda. Pensé que quizá era algún alpinista que se había perdido. Eso solía pasar todo el tiempo, así que estaba acostumbrada a ayudar a las personas. Salí a llamarlo hasta que lo vi corriendo en la distancia. Se me acercó y vi que su rostro estaba todo rojo. Le dije a mi amiga que me diera su mochila, porque tenía un kit de primeros auxilios. Hizo un sonido como si estuviera asqueada y me preguntó si le había visto el rostro. Le dije que se callara y troté hacia el hombre para curarlo. Pero me detuve a medio camino cuando vi la extensión de sus heridas: parte de su nariz, labios y frente habían desaparecido, como si hubiesen sido cercenados. Se estaba desangrando y las rodillas de sus pantalones también estaban rojas. Quise retroceder, pero estaba muy asustada como para moverme, y él me agarró por los hombros. Sentí como si hubiera recibido un choque eléctrico. Empezó a balbucear un mar de preguntas, pero solo capté «¿por cuánto tiempo he desaparecido?» y «¿en dónde está mi tripulación?». Al no poder ofrecerle ninguna respuesta, me estudió de pies a cabeza, vio mi reproductor Walkman y gritó. Una vez más, no dejaba de balbucear y ahora estaba tocando mi rostro, y entonces me percaté de que no llevaba puesto el uniforme correcto. Era una especie de chaqueta gris y pantalones casi formales, y su chaqueta tenía unos botones extraños y bordes rojos. Le dije que no podía entender lo que me decía. Traté de abrir el kit de primeros auxilios, pero solo me gritó de nuevo y dijo lo único que pude entender: «¡No me toques! ¡Me harás regresar!». Después de eso, salió corriendo sin dejar de gritar en ningún momento. Cuando se perdió de vista, me di la vuelta y mi amiga estaba llorando. La ignoré y empecé a caminar al pueblo. Ella me preguntó una y otra vez qué había pasado, quién era esa persona, pero no le contesté. Cuando llegamos a casa, le dije que ya no quería jugar con ella en el bosque. Aún somos amigas, pero no hablamos de ese hombre. Nunca».

Publicada en SAR
  • Me parece similar la situación de el hombre junto al lago que de repente estaba a pocos metros de distancia de él, y cuando pensaron que había pumas en el bosque y un oficial había visto una mujer y era ella quien gritaba!