Uno de los temas que más he discutido, por aquí y en la vida real, son los entes como El Rastrillo, el Wendigo y otras leyendas relacionadas. Sinceramente, no puedo decir que sé mucho de estos personajes, pero basándome en algunas lecturas ligeras, puedo decir que me han contado historias relacionadas. Como ya han de saber, tiendo a tomarme estas anécdotas con cautela; aquí afuera, tenemos que. Es como trabajar en un hospital, puedes pasar todo el día pensando en las personas que murieron ahí, pensando que probablemente hay suficientes espectros para cada rincón, pero eso solo dificulta tu trabajo. Creo que muchos de nosotros nos sentimos así, y es por eso que tratamos de realizar nuestro trabajo como si todo estuviera bien. Mi zona parece tener una rotación de personal elevada porque los cadetes se gradúan y se espantan demasiado con todo lo que pasa. Pero tienes que aprender a internalizar estas experiencias.

Hablé con KD sobre sus encuentros con entes sobrenaturales porque quería saber qué pensaba del Wendigo. No hubo nada en particular que quisiera decirme, pero me refirió con un amigo de ella. Contacté a esta persona (H) por Skype y accedió a hablar conmigo. Está al tanto de mis publicaciones en este foro y no le molesta que adjunte su historia exactamente como la relató:

Crecí en el centro de Oregon. Hay una reserva llamada Warm Springs a más o menos dos horas de donde vivía. Solíamos acampar ahí cuando era niño. No en la reserva, obviamente, pero sí en el área, y conocí muchos niños que crecieron ahí. Me hice muy amigo de un niño llamado Nolan, y acabamos juntándonos siempre que nuestras familias coincidían en el área. Nuestros padres también se agradaban, así que nos poníamos en contacto y acampábamos por unas semanas durante las mismas fechas.

Creo que Nolan y yo teníamos doce años cuando decidimos acampar cerca del río, pues queríamos probar la pesca nocturna. Estábamos como a medio kilómetro del campamento principal, pero lo suficientemente lejos como para que no pudiéramos escuchar ni ver a nadie más. Pasamos jugando la mayor parte del día, y realmente no recuerdo mucho, pero terminamos creando una fogata en algún punto del atardecer y nos sentamos para hablar de lo que sea que hablen los niños de doce años.

Lo que sí recuerdo vívidamente es que, por la noche, Nolan miró el río por encima de su hombro y me preguntó si podía ver algo. Por la manera en que habíamos hecho nuestro campamento, estábamos a unos cinco metros del río y nos encontrábamos en su punto más ancho, lo que le daba unos veinte metros de grosor. Aunque los veranos ahí eran calientes, el agua siempre se mantenía fría. Miré por encima de su hombro y pude distinguir algo que se sumergía al río. Desde donde estábamos, se veía como un venado, pero no podía precisarlo por el resplandor de la fogata. Me levanté para acercarme y vi un par de astas, así que supuse que era un ciervo. Pero me pareció raro que se estuviera metiendo al agua, y definitivamente se dirigía hacia nosotros. Le pregunté a Nolan qué pensaba que debíamos hacer. Él estaba viendo a la fogata con una expresión extraña y me dijo que me sentara y que me callara. Le obedecí porque nunca lo había visto actuar de esa forma. Me murmuró que lo ignorara, que siguiéramos hablando como lo habíamos estado haciendo, pero no se me ocurría nada más que decir. Él me estaba contando algo del episodio de un programa de televisión, pero podía escuchar al venado atravesando el agua, así que no le prestaba mucha atención y seguía tratando de mirar al río; pero cada vez que lo hacía, Nolan me jalaba del antebrazo. Recuerdo que no me sentía asustado, sino un poco confundido. Pero luego escuché que el venado salió del agua y pude discernir su apariencia, dándome cuenta de que no era un venado, porque caminaba en dos patas.

Bastante alterado, traté de levantarme, pero Nolan me sentó de un jalón y me empezó a hablar con más fuerza de ese programa de televisión. Entonces noté que Nolan estaba tan asustado como yo, quizá más. Se reclinó hacia mí y empezó a puyar la fogata con una rama, susurrándome entre el ruido que, sin importar qué, no podía dirigirle la palabra a esa cosa.

Fuera lo que fuera, se nos acercó hasta parase justo detrás de la espalda de Nolan. Yo estaba listo para orinarme en mis pantalones, y habría salido corriendo si no estuviera solo, pero no quería dejar a Nolan. Así que me mantuve sentado, mirándolo de reojo. No era muy alto, pero la manera en que marchaba simplemente estaba mal, como si su centro de equilibrio estuviera jodido (es difícil de describir, pero era como si se estuviera inclinando demasiado hacia adelante). Se mantuvo parado detrás de Nolan por un largo tiempo, y al final Nolan se quedó sin cosas que decir y estuvimos en silencio por un momento. La fogata crujía, pero creí haber escuchado a la cosa hablándonos con una voz muy suave. No podía oír bien lo que estaba diciendo, así que traté de inclinarme solo un poco, y efectivamente me oriné en los pantalones cuando la cosa también se inclinó hacia adelante. No podía ver su rostro en la oscuridad, pero vi sus ojos: eran lechosos y nebulosos, como los ojos de un cadáver congelado. Lo único que podía ver eran esos dos ojos blancos flotando encima de la cabeza de Nolan y la silueta difusa de las astas que brotaban de su cabeza. No sé si me veía asustado como me sentía, pero exactamente al mismo tiempo, Nolan y yo nos largamos de ahí, corriendo sin parar hasta que regresamos al campamento principal. Nos detuvimos cuando estábamos frente a la casa rodante de mi papá. Le pregunté a Nolan qué era esa cosa, pero me dijo que no sabía. Me explicó que su abuelo simplemente le había advertido que si algo se le acercaba mientras estaba en el río, que nunca, bajo ninguna circunstancia, le dirigiera la palabra o escuchara lo que decía. Cuando le pregunté si él también lo había escuchado hablar, me dijo que lo único que pudo entender fue «ayudarte».

Creo que terminamos durmiendo en la casa rodante con mis padres. La noche siguiente regresamos al río y no había nada.

Esa historia me recuerda, en muchas maneras, a la leyenda del Wendigo. Existe una frase que se usa para describirlo que creo que le queda perfecta, y dice que el Wendigo es «el espíritu de los lugares solitarios». Sé que a veces, cuando estoy en tierra salvajes, cuando sé que no hay nadie en kilómetros y kilómetros a la redonda, me llega un tipo de antojo difícil de explicar. No sé si le pasará a alguien más, pero es un deseo de consumir. No un antojo de algo en particular, sino un hambre extraña y distractora que proviene de cada parte de mis entrañas.

De ser posible, también quería descubrir más acerca del hombre sin rostro, y recopilé un par de anécdotas similares. Pregunté entre mi círculo de amigos, hace unas noches que estábamos cenando en la ciudad. Éramos un grupo de cinco y uno de ellos dijo que, una vez que salió a hacer reparaciones en el parque de su zona, se encontró con algo parecido. Estaba repintando una caseta de información y escuchó que un hombre le pidió direcciones del campamento más cercano. Aunque mi amigo no se dio la vuelta porque estaba en una escalera, le informó al hombre que no había ningún campamento cerca, pero que podía encontrar un campamento en otro parque si bajaba por la carretera unos seis kilómetros. Luego le preguntó si podía ayudarlo con algo más, pero el hombre dijo que no y le dio las gracias. Mi amigo siguió pintando, pero podía escuchar que el hombre no se iba:

«La segunda vez que se acerca para hablarme, se me erizaran los vellos del cuello, pero no sé por qué. Todo el asunto simplemente me dio una sensación de inquietud, y quería terminar de pintar y largarme de ahí. Le pregunto de nuevo si lo puedo ayudar con algo más, pero no contesta. Sé que está ahí porque no lo escuché irse, y me tuve que girar incómodamente para ver lo que estaba haciendo. Ahora bien, admito que pudo haber sido mi cerebro jugándome trucos, pero les juro que, por medio segundo, ese bastardo no tenía rostro. No tenía nada en la cara. Era casi cóncava y totalmente lisa, y casi me da un maldito infarto porque no podía creer lo que estaba viendo. Creo que intenté decir algo, pero hubo una especie de “pop” en mis oídos, y de pronto estaba frente a un hombre normal. La expresión en mi rostro debe de ser chocante en ese momento, porque él me pregunta si me siento bien, y yo me pongo en el plan de: “Sí, sí, todo bien”. Me pregunta de nuevo la dirección al campamento, y le señalo adónde debe ir, a lo que me dice: “No soy de por aquí, ¿me puedes ayudar a llegar?”. Aquí es donde sé que algo está pasando porque es imposible que hubiera llegado ahí y que no supiera en dónde estábamos. Y, de hecho, no había ningún auto alrededor, ¿así que cómo había llegado? Le digo que me disculpe, pero que no puedo llevarlo a ningún lado con el vehículo de la compañía, y él me contesta: “¿No me puedes hacer el favor? En serio, no sé en dónde estoy. ¿Puedes venir conmigo y ayudarme a llegar?”. Ahora estoy realmente extrañado y me comienzo a preguntar si es algún tipo de emboscada. Le digo que le llamaré un taxi para que lo lleve adonde quiere ir. Cuando saco mi teléfono, me dice que “no” y se aleja rápidamente. Pero no se va del parque, se mete a los putos árboles y yo me voy a mi puto carro y empiezo a salir de ahí, a la verga con la pintura. Miro por mi retrovisor para ver adónde se había ido, y está parado en la arboleda de nuevo. No sé cómo regresó tan rápido, pero esta vez estoy completamente seguro de que el bastardo no tenía rostro. Solo se quedó observándome hasta que giré en la intersección, y no lo vi más».

Apenas mi amigo terminó su historia, fue interesante que otro empezó a relatar la suya, pero con un giro distinto:

«Saben, a mí me pasó algo raro como eso, tiempo atrás. Estaba explorando un sendero prácticamente en medio de la nada. No había visto a nadie más por unas buenas dos horas, así que en realidad no le estaba prestando atención al tramo. La mayor parte del tiempo solo veía al suelo, pensando. Luego, de la nada, llegué a la cima de una colina pequeña y casi choqué con un sujeto. Era anciano, probablemente de sesenta años, y me empecé a disculpar hasta que noté su rostro. Me debí de haber visto como todo un cretino, porque solo me callé y me le quedé viendo. Me tomó un momento entender lo que estaba mal, y era que el rostro de ese sujeto era enorme. Su cabeza no era grande ni nada por el estilo; era normal. Pero la cantidad de espacio que su rostro ocupaba era demasiado. Como si tomaras el rostro de alguien y agrandaras sus facciones a casi el doble de su tamaño. No me dijo nada, solo me vio extrañado, y yo retrocedí tartamudeando una disculpa. Lo rodeé y me largué de ahí y terminé de explorar el sendero. En todo momento, no dejé de ver detrás de mí porque le tenía pánico a que ese hombre apareciera por detrás de mí o algo. Sé que suena ridículo, pero les juro que es una de las cosas más inquietantes que he visto».

Poco después, cambié el tema a las escaleras, y hubo una caída definitiva en el entusiasmo. Al principio, nadie habló —existe un estigma real para hablar de las escaleras, incluso cuando estás fuera del trabajo—. Pero rompí el hielo con una historia propia, y el amigo que había contado la historia del hombre sin rostro nos contó lo siguiente, aunque muy silenciosamente:

«Hace un par de años, estaba acampando con mi novia. Estábamos a unos tres kilómetros de la carretera en un lugar que me gusta. Nos fuimos a la cama al anochecer, pero no pudimos dormir porque…».

Alguien hizo un comentario gracioso, y estábamos peligrosamente cerca de cambiar de tema, pero logré reenfocarnos.

«Ah sí, muy chistosos, putos. No, fue porque no dejábamos de escuchar el mismo ruido de… molido. Mi hermano solía rechinar los dientes mientras dormía, y en cierta forma me recordó a eso. Mi novia se estaba estresando, pero yo le decía que lo ignorara porque lo había escuchado antes y solo había que ignorarlo. Al final, se desvaneció y pudimos dormir, pero me desperté dos horas después porque sentí que algo estaba mal. Me di la vuelta y mi novia no estaba ahí, y me alteré porque…».

Se quedó pensativo por un segundo, y luego tomó un trago largo.

«En fin, salí corriendo de la carpa gritando su nombre, pero no tuve que alejarme demasiado. Estaba parada al final del campamento viendo algo por los árboles, y pude notar que se veía bastante pálida. La fogata estaba débil, pero brillaba lo suficiente. Corrí para ver qué le pasaba, y estaba profundamente dormida, con sus ojos abiertos. Tenía una mirada perdida, así que puse mi brazo en su cintura para llevarla de regreso, pero no se quiso mover. Dijo algo muy por lo bajo, como: “Tengo que ir, Eddie. Tengo que ir, ya llegó”. Le quise explicar que estaba sonámbula para que regresara a la cama, pero no cedía. Solo se mantuvo quieta, diciendo que se tenía que ir. Me volteé adonde ella estaba mirando y había una maldita escalera justo ahí, a unos quince metros. Era gris, de concreto. Y mi novia empezó a caminar hacia ella, pero la jalé y se despertó. Me vio como si estuviera loco y me preguntó qué demonios hacíamos afuera de la carpa. No le expliqué nada, solo le dije que estaba sonámbula. Nos regresamos y se quedó dormida de nuevo. No sé… No me gusta pensar en ello, ¿saben?».

Todos sabíamos a qué se refería.

Otro amigo tomó la palabra:

«Se acuerdan de aquel niño con… No recuerdo qué era, algún tipo de problema del cerebro. No Down, pero algo así. Pues, tuve la oportunidad de leer el reporte policial y todo lo que dijo era increíblemente jodido. Sé que siempre debemos mantenernos escépticos, y quién sabe lo que era real para ese niño, pero no creo que haya podido inventar algunas de estas cosas».

«¿Como qué?».

«Pues, primero que nada, habló de las escaleras. Dijo que había estado con su padre haciendo una fogata, y las escaleras “se le acercaron”, y dijo que tenía que subirlas o algo malo iba a pasar. Los oficiales de policía no pudieron entender lo que dijo después de eso, porque solo seguía repitiendo “como la fogata” una y otra vez. Y no dejaba de mencionar los sonidos, pero no supo explicar qué sonidos, solo que eran ruidosos y que se tuvo que cubrir los oídos para no tener que escucharlos. Pero lo que más recuerdo es que le preguntaron adónde se había ido exactamente mientras estaba desaparecido, y él solo dijo que se quedó ahí mismo. Dijo que no estaba asustado porque las escaleras estaban ahí, y dijo que le hablaban, pero no como hablan las personas. De nuevo, todo era muy enredado y difícil de entender, y tengo la sensación de que la policía no escribió la mayoría en el reporte. Terminaron diciendo que el niño tuvo algún tipo de amnesia o fuga mental, y que no creían que hubiese sido parte de un secuestro. En verdad no explica cómo pudo haber regresado una semana después de desaparecer, estando bien alimentado y perfectamente ileso, sin siquiera una mancha de tierra, pero ey, lo que la policía diga es lo que vale».

Esta será mi última publicación por ahora.

Hay tantas cosas que nunca podré entender de mi trabajo, y me tomaría años relatar todas las cosas que he escuchado solo en los últimos meses. Cuando disponga del tiempo para escribirlas, regresaré. Quizá sea en un formato diferente, o por medio de un libro, pero regresaré.

Creí que simplemente les vendría a hablar de algunas cosas que les gustaría saber. Nunca pensé que iba a recibir tanta atención. Gracias a todos por haberse quedado a mi lado, disfrutando las anécdotas que he reunido.

Si salen a los bosques, los invito a ser precavidos. Lleven agua, comida, equipo de supervivencia. Avísenles a sus amigos cuándo se irán y cuándo regresarán. No vayan a senderos inexplorados a menos que sepan exactamente lo que están haciendo. Y, ante todo:

No se acerquen a ellas. No las toquen. No las suban.

Solo ignórenlas.

Publicada en SAR
  • Parloteo conclusivo:

    Debo decir que en circunstancias normales, cualquier historia de seis partes que decida terminar con un final abierto me haría enojar, pero no esta. La esencia de un creepypasta es que la historia se tome como una anécdota de una persona real. En ese aspecto, los creepypastas son muy similares a las leyendas urbanas, con la diferencia de que los creepypastas son recuentos específicos de algo real que pasó.

    Por eso los creepypastas son ficción realista de terror, y esta historia nunca pretende ser más que eso. No tengo ningún motivo para dudar que, como dice el título, el autor es un oficial de búsqueda y rescate con muchas historias que contar. El hecho de que la historia llegue a su fin porque el autor tiene vida y no puede seguir escribiendo una enciclopedia de anécdotas forestales me parece un final apropiado.

    En ningún momento ahondó en lo que podría causar todos estos incidentes ni ofreció teorías, pero seleccionó las historias que quería contar de modo que los lectores se dieran cuenta de las conexiones.

    Ahora sabemos que KD estaba escuchando a las escaleras. También sabemos que cuando estás completamente aislado en el bosque, las escaleras te hablan. Su único propósito es tentar a las personas a que las suban para desatar tragedias por toda el área, incluso incendios («como la fogata»). Las escaleras son parte de los bosques mismos y también están vivas, a su manera, compartiendo su espacio en la naturaleza con todas las demás criaturas y apariciones (el hombre oso, el hombre sin rostro, el Wendigo, los espectros de épocas pasadas, etc.).

    Este es uno de los creepypastas más sugestivos que conozco y se quedará conmigo. Me encanta explorar la naturaleza y la primera vez que vea escaleras en el bosque, voy a subírmelas, voy a bailar breakdance en ellas y me voy a tirar refinadamente desde la cima.

    • Gracias!!! Me distrajo bastante esta serie de historias! =)

  • Altas ganas de subirme a una escalera del bosque 🤔

  • Subieria pero solo si me aseguran Q a mí no me va a pasar nada (como q me corten una mano o q me agarré un derrame cerebral y muera) solo subo para q le cause algún daño a un tercero jajaj

    • Exactamente eso es lo que yo haría también. ¡Que viva la búsqueda de sufrimiento ajeno!

  • Hora cuando valla a acampar voy a prestar más atención a todo lo que me rodea ;) superó mis expectativas, esperaré las siguientes o el libro 👍

  • esto me recordo la vez q me perdi en un bosque …. realmente fue una experiencia unica